Reflexiones
pandémicas
EL PORQUÉ DE ESTE BLOG: Divulgación científica en temas de nutrición y psicología con un tanto de literatura, arte y poesía. Para amantes de la vida.
Reflexiones
pandémicas
El tema de dietas y moda parece inagotable, cuando
piensas que ya ha acabado la vendida de moto de regímenes milagrosos vuelen a
la carga con más de lo mismo, pero ahora con el apoyo científico (según dicen,
aunque la controversia está servida) y cómo no de las celebritys que
están estupendísimas de la muerte gracias a que siguen estas dietas maravilla
de la naturaleza, y sino que se lo pregunten a Elsa Pataky.
¿Qué se entiende por ayuno intermitente?
Como su nombre indica, quiere decir: Comer durante
unas horas determinadas y ayunar durante otras. Basándose en ello, la variación
está servida, los hay que hasta proponen las horas que debes comer y no,
dependiendo de tu estructura corporal y de donde se quiere adelgazar, increíble,
pero cierto. Tampoco es nada nuevo lo del ayuno (aunque nos quieran convencer
de que es algo novedoso) y que no lo hicieran nuestros ancestros, así como en distintas
religiones. La forma más habitual de hacerlo es ayunar durante doce horas y que
éstas, estén comprendidas entre la cena y la primera comida que se haga al día
siguiente. Es decir, si cenamos a las 9 ayunaremos hasta las 10 del día
siguiente. Otra de las fórmulas más utilizada es la 16/8, que se trata de
ayunar durante 16 hora y se puede comer durante 8.
Esta pauta nutricional (más que dieta) se le atribuyen,
además, después de algunas investigaciones, grandes milagros como son: pérdida
de peso, aumento de la longevidad, disminución de diabetes tipo II, disminución
del riesgo cardiovascular, disminución del riesgo a padecer cáncer. Lo que no
se comenta es que los estudios científicos que lo avalan son pocos y de mala
calidad y que las conclusiones a las que llegan son pocos fiables y que lo más
probable es que nuevos estudios revelen datos muy diferentes, como se advierte
en el último examen del proyecto Nutrimedia de la Universidad Pompeu Fabra (UPF), bajo la dirección del profesor Gonzalo Casino,
llegando a la conclusión de que: “hoy por hoy, la práctica del ayuno esporádico o intermitente por motivos
de salud no tiene justificación científica”. Además, no dicen que la mayoría de
estudios se han realizado en animales y muy pocos de los publicados se refieren
a humanos.
Tampoco informan los
defensores de esta pauta alimentaria, de los posibles riesgos de seguirla,
entre ellos: el aumento de trastornos alimentarios, déficit de vitaminas como
la tiamina (vitamina B1) e incluso con el
ayuno prolongado se han descrito muertes súbitas por arritmias ventriculares
asociadas a pérdida de proteínas corporales y alteraciones en las
concentraciones de cobre, potasio y magnesio. Así como efectos secundarios como: dolores de
cabeza, mareos, dificultades para mantener la concentración, alteración de
otras enfermedades o de la absorción de medicamentos.
Desde el punto de vista
psicológico no es lo mismo comer sabiendo que no lo volverás hacer en 12 o 16
horas, que comer sabiendo que lo puedes hacer en menos tiempo. Por lo que este
tipo de pauta alimentaria favorece, en personas con predisposición, a los
atracones y compulsión por comer. Si en un principio puede funcionar para
disminuir de peso en personas con obesidad, a la larga genera un efecto rebote
y predisposición al atracón. Lo más importante para seguir una alimentación
saludable es adquirir unos buenos hábitos alimentarios, algo que no lo proporciona
el realizar de una forma continuada ayuno intermitente.
En definitiva, ayunar para adelgazar y mejorar la salud no es una buena idea, sobre todo si lo que se pretende es aprender a comer correctamente para mantenernos sanos. También hay que tener en cuenta que lo que le va bien al vecino no es lo más aconsejable para mí y que seguir las pautas alimentarias de coachs, ifluencers y celebritys no es lo más apropiado. Por lo tanto, antes de iniciar cualquier dieta o pauta alimentaria lo más correcto es acudir a un buen profesional de la nutrición.
"Los suspiros se escuchan detrás de la esperanza, no dejes de suspirar"
Dra. Mª Teresa Lluch Armell
No solo el azúcar mata
Pero donde hay que actuar
verdaderamente es a nivel de la industria alimentaria y establecer unos topes
en la cantidad de azúcar que se añade en los alimentos procesados y ultra procesados
(bollería industrial, pizzas, embutidos…). Aunque parece ser que algo se está
haciendo en este sentido (reducir la concentración de azúcares añadidos de
forma paulatina) por parte desde Sanidad y el Aecosan, esperemos que está
disminución de azúcares añadidos(Menos azúcares pero también menos edulcorantes) no sean a costa de sustituirlos por
edulcorantes, que a saber que problemas posteriores acarreará.
El umbral de sabor dulce
cada vez está más alto debido al exceso y abuso del azúcar en la formulación de
alimentos tanto dulces como salados, es decir que el paladar se va habituando y
para encontrar el dulzor adecuado necesitamos cantidades más elevadas de azúcares
añadidos como ocurre con la sal, llega a ser adictivo. Luego lanzar mensajes de
este tipo, tan alarmantes y angustiosos, haciendo recaer toda la
responsabilidad en el ciudadano de a pie no es la mejor forma de actuar, al fin
y acabo son alimentos que se encuentran en el mercado, y se supone, por tanto, supervisados
por las autoridades sanitarias que son las que consecuentemente tienen más conocimiento
del tema, mucho más que la población en general. Si matan es responsabilidad de
esas autoridades de eliminarlos de la circulación y no lanzar mensajes
subliminales.
Sin embargo, es curioso
como en establecimientos fast food como el Foster´s Hollywood, si tomas bebidas
azucaradas, solo pagas la primera y todas las demás que consumas te las regalan,
algo que no sucede con el agua, y digo yo que, ya que van a subir el IVA de estas
bebidas, podían de paso bajarlo del agua y favorecer el consumo de la misma.
Cómo abordar los trastornos funcionales digestivos
Se entiende por trastornos funcionales digestivos (TFD)
aquellos que afectan, como su nombre
indica, al funcionamiento del aparato digestivo. Dentro de este tipo de
trastornos los más habituales son: El síndrome de colon irritable (SII) y
la dispepsia funcional. Estos cursan con los siguientes síntomas:
En el caso de colon irritable: Vientre hinchado, dolor y/ o pinchazos abdominales, diarrea, estreñimiento, gases y meteorismo.
En la dispepsia funcional: dolor
epigástrico, pesadez después de las comidas, eructos, saciedad precoz,
distensión abdominal, ardor, reflujo, nauseas.
Por otro lado, como consecuencia de estos trastornos se puede desarrollar también, derivado de una mala nutrición asociada a estas patologías: Anemias ferropénicas o megaloblásticas, torpeza o confusión, cansancio o debilidad, dolor muscular y articular, dolor de cabeza, fatiga crónica, pérdida de peso con desnutrición, depresión, ansiedad, miedo a salir, disminución del rendimiento laboral, daños orgánicos (permeabilidad intestinal).
¿Qué podemos hacer ante estos trastornos?
La mejor forma de abordarlos es de forma interdisciplinar, con la intervención del gastroenterólogo (que determine la posible causa que los provoca y/o descartar patologías subyacentes), un nutricionista que nos proporciones unas buenas pautas nutricionales y un psicólogo.
Las causas que están relacionadas con los TFD son: Disbiosis (desequilibrio en la microbiota), Sibo, intestino permeable, mala absorción de la fructosa o intolerancia a la fructosa, mala absorción a la lactosa o intolerancia la lactosa, enfermedad inflamatoria intestinal (EII) ejem. Colitis ulcerosa, Chron, intolerancia al gluten no celiaquía, DAO. Será el especialista de digestivo quien determinará que patología (incluyendo las mencionadas), si la hubiere, hay detrás de los síntomas gastrointestinales. Una vez diagnosticado se realiza una intervención nutricional-dietética y psicológica.
¿Qué pautas nutricionales y dietas son las más adecuadas en estos casos?
Las dietas tienen que ser personalizadas, no estrictas y no se deben mantener durante mucho tiempo, ya que se suelen reducir bastantes alimentos y con ello nutrientes. Lo que puede dar lugar a carencias nutricionales y promover hábitos de alimentación poco adecuados.
Una de las dietas más utilizadas es la denominada dieta FODMAP: que se basa en la disminución de hidratos de carbono de cadena corta fermentables, como su nombre indica en inglés (Fermentable, oligosacchárides, disacchárides, monosaccharides and polioles). Que haría referencia en castellano a: polisacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables. Se considera en esta dieta la disminución de estos hidratos de carbono porque se ha visto que hay personas que no los digieren bien y al llegar al intestino la microbiota intestinal (bacterias del intestino) son fermentados, provocando síntomas como: hinchazón, gases, estreñimiento, dolor abdominal, diarrea entre otros.
Pero como he comentado anteriormente este tipo de
dieta es muy restrictiva y solo es útil en momentos de rescate y puntuales,
para posteriormente ir introduciendo muchos de los alimentos eliminados e ir
corrigiendo la disbiosis (equilibrar la microbiota). Hasta conseguir establecer una dieta
equilibrada y saludable en la que se tendrán en cuenta las siguientes pautas
nutricionales:
Repartir las comidas en 6/7 comidas al día, lo que
permite realizar digestiones sencillas.
Masticar bien y comer despacio.
Es recomendable no ingerir agua ni líquidos durante
las comidas.
Las cocciones de los alimentos mejor que sean prolongadas.
El abordaje psicológico en estos trastornos digestivos
es muy importante, dado que tienen una base psicosomática considerable sobre
todo en el caso del colón irritable y la dispepsia.
Si el problema hace
unos años eran las grasas ahora va de azúcares. Cuando ya sabemos qué tipo de
grasas comemos porque en el etiquetado ya se especifica si las grasas vegetales
son de palma o de coco, etc. Lo que no sabemos es que azúcares son esos que
pone en la etiqueta como: Hidratos de carbono: de los cuales azúcares…
pero no especifica de que tipo son, ni
si son añadidos o intrínsecos del alimento. Así que seguimos con las
ambigüedades de las etiquetas nutricionales. Además de liar cada vez más el
concepto azúcares, al utilizarlo para referirse a los hidratos de carbono
(carbohidratos).
A parte de estos
términos y debido a la inclusión cada vez mayor de carbohidratos simples por
parte de la industria alimentaria a los alimentos. La OMS incorporó otros
términos como son: azúcares libres para referirse a los monosacáridos y los
disacáridos añadidos a los alimentos por los fabricantes, los cocineros o los
consumidores, así como los azúcares presentes de forma natural en la miel, los
jarabes, los jugos de fruta y los concentrados de jugo de fruta. Y azúcares intrínsecos
que serían los que forman parte del propio alimento. E hizo las recomendaciones de que estos no deben
de aportar más de un 10% de la ingesta kilocalórica diaria.
¿Qué
son? Y ¿cómo podemos mantener a raya los triglicéridos?
-Evitar el consumo de
grasas saturadas y trans y sustituirlas por grasas monoinsaturadas y
poliinsaturadas así como alimentos ricos en ácidos grasos omega tres. Esto se
consigue disminuyendo el consumo de carnes grasas y rojas, mantequillas,
embutidos, quesos curados etc y sustituirlo por el consumo de pescado azul y
aceites saludables como el aceite extravirgen de oliva. También hay que evitar
o disminuir el consumo de grasas trans, que se encuentran principalmente en bollería
industrial, en precocinados y ultraprocesados. Leer bien las etiquetas para
descartar.
En
definitiva cambiar los hábitos alimentarios y de salud por
otros más adecuados nos permitirán reducir esos triglicéridos que ponen en
riesgo seriamente nuestro bienestar y salud cardiovascular.