lunes, 29 de junio de 2026

Hipercolesterolemia: ¿Estamos mirando el marcador adecuado? La importancia de las Apolipoproteínas A y B y la Lipoproteína(a). Parte IV

 

Hipercolesterolemia: ¿Estamos mirando el marcador adecuado? La importancia de las Apolipoproteínas A y B y la Lipoproteína(a). Parte IV

Este artículo es la continuación de los anteriores que he publicado sobre el colesterol y el hipercolesterolemia. Os dejo los enlaces:

http://nutripsicolluch.blogspot.com.es/2017/11/como-podemos-mantener-el-colesterol.html

https://nutripsicolluch.blogspot.com/2018/01/que-comer-para-disminuir-el-colesterol.html

https://nutripsicolluch.blogspot.com/2019/01/tratamiento-farmacologico-del.html

En ellos hemos visto qué es el colesterol, cómo mantenerlo dentro de niveles saludables y la importancia de la alimentación y el estilo de vida para prevenir las enfermedades cardiovasculares. Y el uso de medicación (las estatinas) cuando es necesaria.

Con este nuevo artículo quiero ampliaros la información según los estudios científicos más recientes sobre el metabolismo lipídico, y sus nuevos parámetros de valoración de riesgo cardiovascular. Algo que debería hacer reflexionar a las autoridades sanitarias sobre si los parámetros que habitualmente se solicitan en las analíticas, son suficientes para valorar correctamente dicho riesgo en la población, y recetar estatinas solo con la medición del colesterol total y sus fracciones HDL y LDL.

Tradicionalmente se ha considerado que el colesterol total y el LDL, conocido popularmente como el colesterol "malo", era el principal indicador de riesgo cardiovascular. Sin embargo, teniendo en cuenta, los estudios de los últimos años, hoy sabemos que la realidad es más compleja, y han tomado relevancia el estudio de las alopoliproteinas, como indicadores muy fiables de riesgo cardiovascular.

¿Qué son las Apolipoproteínas?

Las apolipoproteínas son proteínas que forman parte de las lipoproteínas encargadas de transportar el colesterol y otras grasas a través de la sangre.

Entre ellas destacan especialmente la Apolipoproteína A-I (ApoA-I) y la Apolipoproteína B (ApoB), que aportan información más precisa sobre el metabolismo lipídico y el riesgo cardiovascular.

¿Qué es la ApoA-I?

La ApoA-I es la principal proteína de las lipoproteínas HDL (el llamado colesterol bueno), implicadas en el transporte de retorno del colesterol.

Su función consiste en recoger el exceso de colesterol de los tejidos y llevarlo al hígado para su eliminación.

Por ello, niveles adecuados de ApoA-I suelen asociarse con un menor riesgo cardiovascular, por ello, hoy sabemos que no basta solo con medir HDL, sino también su funcionalidad.

¿Qué es la ApoB?

La ApoB es la principal proteína de las lipoproteínas aterogénicas(formadoras de placas de grasa en las arterias y venas) como LDL, VLDL y otras partículas ricas en colesterol.

Cada partícula contiene una sola molécula de ApoB, por lo que su determinación permite conocer el número total de partículas capaces de depositar colesterol en la pared arterial.

Este hecho es fundamental: el riesgo cardiovascular no depende solo de cuánto colesterol circula, sino de cuántas partículas lo transportan.

¿Qué ocurre con la relación ApoB/ApoA-I?

Algunos expertos consideran que esta relación ofrece una visión global muy interesante.

Mientras la ApoB refleja el número de partículas con capacidad aterogénica, la ApoA-I representa la capacidad del organismo para retirar colesterol de los tejidos.

Por tanto, la relación entre ambas permite valorar el equilibrio existente entre los mecanismos que favorecen la acumulación de colesterol en las arterias y aquellos que contribuyen a su eliminación.

Cuanto mayor sea esta relación, mayor suele ser el riesgo cardiovascular.

¿Qué es la Lipoproteína(a)? Un factor frecuentemente olvidado.

La Lipoproteína(a), conocida también como Lp(a), es una partícula similar a la LDL, pero con una característica especial: contiene una apolipoproteína adicional llamada apo(a), unida a la ApoB.

Esta estructura le confiere propiedades claramente aterogénicas y también trombogénicas, es decir, de forma más entendible: favorece la formación arterioesclerosis y de trombos.

A diferencia de otras lipoproteínas, los niveles de Lp(a) están determinados en gran parte por la genética y apenas se modifican con dieta o estilo de vida. Esto la convierte en un factor de riesgo independiente y frecuentemente infradiagnosticado.

Numerosos estudios han demostrado que niveles elevados de Lp(a) se asocian con mayor riesgo de enfermedad cardiovascular prematura, incluso cuando el colesterol LDL está dentro de rangos considerados normales.

Sin embargo, a pesar de su importancia, la determinación de Lp(a) no está incluida de forma rutinaria en la mayoría de las analíticas, lo que supone una limitación importante en la evaluación del riesgo cardiovascular global.

¿Por qué es importante en la práctica clínica la medición de estos parámetros?

La combinación de ApoB elevada y Lp(a) elevada representa un perfil de riesgo especialmente alto, ya que se suma el aumento del número de partículas aterogénicas con partículas estructuralmente más agresivas.

Esto refuerza la idea de que el riesgo cardiovascular no puede evaluarse únicamente con colesterol total, LDL, sino que requiere una visión más amplia y precisa del metabolismo lipídico.

¿Por qué no se solicitan de forma rutinaria estos marcadores?

A pesar de la evidencia científica acumulada, ni la ApoB ni la Lp(a) forman parte de las determinaciones analíticas habituales en la mayoría de consultas de atención primaria.

Esto contrasta con las recomendaciones de diversas sociedades científicas que ya proponen su uso en determinados grupos de riesgo o incluso su incorporación progresiva a la práctica clínica habitual.

La inercia clínica, la falta de estandarización histórica y factores organizativos pueden explicar en parte esta situación, pero no deberían frenar la evolución del conocimiento médico.

En definitiva: El estudio del metabolismo lipídico ha evolucionado de forma significativa en los últimos años.

Hoy sabemos que no basta con medir el colesterol total o el LDL. Las apolipoproteínas, especialmente la ApoB, y la lipoproteína(a) aportan información esencial sobre el riesgo cardiovascular real.

La prevención cardiovascular debería pasar por una evaluación más personalizada, donde el análisis del número y la calidad de las partículas lipídicas tengan más peso que las cifras aisladas de colesterol total y HDL. Y no recetar estatinas sistemáticamente, sin tener en cuenta la valoración de estos nuevos parámetros.

Porque prevenir sigue siendo más eficaz que tratar, pero para prevenir bien, primero debemos medir mejor.

Dra. Mª Teresa Lluch Armell


La paz está en la pequeñas cosas

 

 

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