Capítulo
XIII
El valor de las pequeñas cosas.
Esto de ser una romántica es lo que tiene, que crees que lo que predomina en las relaciones humanas es el amor y la solidaridad, o mejor dicho es lo que desearía que fuera. Pero la realidad es muy diferente y es que la mayoría de las relaciones humanas se basan en transacciones comerciales. El poderoso don dinero cubre con un manto oscuro de codicia la humanidad. Ya no es anhelar algo místico, es solo poder creer en una mano amiga, en alguien de buena voluntad, pero eso se ve con cuentagotas. Hay veces que, aunque no sea interés económico es otro tipo de interés, de objetivos que el otro piensa que puede conseguir de ti. Bueno al final, nos quedaremos con aquella frase de:" haz bien y no mires a quien", eso sí con matices. Haz bien con quien te dé la gana hacerlo, eso sí, sin esperar nada, porque nada es lo mejor que se puede recibir. Con suerte amor y cariño, pero en ocasiones también odio, envidia y resentimiento. Bueno daremos unas pinceladas de romanticismo para poder soportar lo insoportable de la realidad. Eso sí, siempre hay personas extraordinarias que te dan mucho a cambio de nada, aunque es muy difícil encontrarlas, cuando lo hagáis, no las dejéis escapar.
Os dejo mi XIII romance por aquellos que
luchan por el valor de las pequeñas cosas: Niya la
guerrera
NIYA LA GUERRERA
"Sé que no puedo expresar lo que
siento, sería demasiado cruel para aquellos que confían y creen en mí. Debo de
continuar la lucha, mi pueblo me necesita.
Niya reflexionaba sobre su vida, sobre lo
que le había conducido a su situación actual. Sabía que detrás de todo lo que
había ocurrido, dos conceptos eran los dominantes:"
El egocentrismo.
La lucha por el poder.
Cuando Niya llegó junto a su hija Liren a la cima del Cerro del Saber, el crepúsculo, el olor a tierra mojada y las hojas otoñales acariciando su piel, la trasladó a la primera vez que estuvo allí con su abuelo Romu.
—La
vida se compone de disfrutar de las cosas sencillas, de los pequeños momentos —dijo
Romu.
—¿Y qué
son esas cosas abu?
—La
sonrisa amiga, un abrazo, un café con quien te aprecia. Pequeños momentos de
felicidad.
—Entonces,
Abu, cuando juego "al pilla pilla" con mi hermano, ¿eso sería
una de esas cosas sencillas?
—Sí, Niya, sí. Esas cosas que nos enriquecen el corazón y nos alegran el alma.
—Madre,
¿en qué piensas?, estás como ausente —preguntó Liren, invitando a Niya a
sentarse en unas rocas y desde allí poder observar el valle.
—Recordaba
como era el mundo antes, en este mismo lugar: repleto de abetos, el río fluía
con sus aguas borbotadas que invitaban al silencio para escuchar su murmullo.
Una naturaleza que ya no existe, una naturaleza asesinada por la codicia
humana.
—Me
hubiera gustado tanto conocerla, madre.
—La
conocerás, la conocerás.
Niya se mostraba afligida, desgarrada por dentro
ante la devastación. Ella y su hija, junto a otras personas desamparadas que
fueron encontrando en su camino, habían conseguido sobrevivir al aniquilamiento
mundial provocado por los poderosos y sus guerras.
—Madre,
y ahora, ¿qué vamos a hacer?
—Debemos continuar ese sendero hasta aquellas montañas blancas, que se divisan en el horizonte. Allí hay vida.
—Niya, recuerda; la vida se basa en disfrutar de las cosas
pequeñas, busca las montañas nevadas y que no te abandone la esperanza —aconsejó
Romu, en el ocaso de su vida, sabía que pronto llegaría la devastación.
—Sí, Abu, ese será mi propósito.
Niya abatida
miró al horizonte y vio su futuro en aquellas montañas blancas.
—Madre
tenías razón. Hemos encontrado la vida en estas preciosas montañas, sentir la
naturaleza en su estado puro, el canto de los colibrís, el aire limpio, las
estrellas. — Liren sujetaba en brazos a su bebé Min —. ¿Sabes, Min?, la vida se
compone de disfrutar de las cosas sencillas, de pequeños momentos de felicidad,
como este que junto a ti acurrucado en mis brazos, miro todo lo que dejamos
atrás: dolor, luchas, pérdidas, caos. Pero lo superamos, llegamos hasta esta
nueva vida.
Niya miró con orgullo a Liren y a su nieto Min. Su mundo, su lucha había germinado en su descendencia; la devastación para ellos había quedado atrás.
—Abu,
cuanto me gusta disfrutar de las cosas pequeñas, quédate siempre a mi lado.
—Siempre
estaré a tu lado Niya y al lado de los que amas.
Betty Ryan















