Capítulo XI
La
Dana y la reconstrucción.
¿Cómo
estáis queridos amigos románticos? Os invito a reflexionar:
Desde
el trágico suceso de la Dana, cierto sector solo habla de reconstrucción,
palabra que resuena como un eco, palabra que quieren imponer como si fuera un
dios todopoderoso que va a curar todo el mal ocurrido. Pero a mí me gustaría saber
si se puede reconstruir el dolor de un corazón roto, el sufrimiento de un alma
herida, la pérdida de seres que amas, la tragedia que queda grabada en la mente
de las personas afectadas, la sensación de abandono y desconsuelo al no
sentirte auxiliado, la impotencia de no haber podido salvar a personas que se
ahogaban a tu lado, vidas rotas, sueños truncados. No sé si todo eso lo puede
solucionar la tan recalcitrante reconstrucción, como un maná, como un sálvalo
todo. Resulta grotesco y muy triste que se crean que solo con reconstruir, pero
sin solucionar, ni asumir la negligencia, el trauma sufrido se vaya a sanar. Para
una romántica es muy difícil ver como después de permitir la destrucción de
tantas personas ahora se quieran excusar diciendo lo bien que lo van hacer y lo
centrados que están en reconstruir, parece como si hasta les gustara jugar a
destruir casitas y reconstruir, pero eso no es todo señores, no. Las personas
necesitan sentirse arropadas, consoladas, saber que aparte de poder recuperar
sus pérdidas materiales que no las humanas, al menos se piense en ellos, y en
tratar que esto nunca más vuelva a pasar. Y sobre todo que los responsables
dejen de hincharse la boca con la reconstrucción y asuman su negligencia y mal
hacer.
Queridos amigos os dejo mi XI romance titulado:
Corazones
rotos
En
un día, en un momento,
el
lodo cubrió los sueños,
las
vidas amadas,
En
un momento una lengua de agua,
se
llevó un adiós, un consuelo,
los
besos al amanecer, las caricias,
los
mamá te quiero.
En
un día, en un momento,
sucumbió
la alegría,
ante
el aluvión inminente,
ante
el abandono, ante la tragedia.
En
un día, en un momento,
nada
volvería a ser igual,
la
tristeza, la penumbra, el dolor,
cubriría
de fango los corazones rotos.
Betty
Ryan


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