miércoles, 24 de septiembre de 2025

Historias de Betty la Romántica. Capítulo XII. Sumidos en la ignorancia.

 


Capítulo XII

 

Sumidos en la Ignorancia.

¿Cómo ha ido el verano mis queridos amigos románticos? Espero hayáis podido desconectar de los males del mundo, algo que en la actualidad está resultando muy difícil, o al menos hayáis podido disfrutar de unos días de vacaciones, para retomar esos ánimos románticos que quedan destruidos con el dolor ajeno y propio. En fin, el inicio del curso no está nada fácil, pero siempre nos podemos reconfortar pensando en la naturaleza y en sus espectáculos de luz, agua, montañas, playas, lo que aún queda a salvo de nuestra destrucción. Y es que la ignorancia es muy mala, pero aún lo es más cuando se pone de moda, y parece ser que es el tiempo de los ignorantes o eso nos quieren hacer creer los dirigentes mundiales que no paran de lanzar absurdos, que colectivos muy bien constituidos van lanzando a través de las redes sociales para de alguna forma someter y manipular a la población. En fin, que en vez de estar en pleno siglo XXI, parece que estemos en el Medioevo. Pero eso sí, los románticos nunca nos rendimos y siempre reivindicaremos el derecho a ser libres, a pensar, a soñar, a amar, a no dejarnos manipular y a la intelectualidad. Antes, tampoco hace muchos años había mucha gente analfabeta y no le quedaba más remedio que creer lo que les contaban, no tenían recursos para acceder a la educación. En la actualidad, que al menos en el primer mundo ya no hay prácticamente analfabetismo, nos encontramos con que la moda es no leer, ningunear a la educación y la cultura, eso sí ticktokear y creerse todas las bolas negacionistas habidas y por haber. En fin, no se da valor a la cultura y al esfuerzo que costó que las personas humildes llegaran a tenerla.

 

En recuerdo a esas personas que lucharon por saber, aunque su condición humilde no se lo permitía, os dejo mi romance XII como microrrelato, titulado: El privilegio, presentado en el III congreso de Escrivivir.

 

El Privilegio

Corría el año 1936, mi vida no era fácil para ser un niño. Mis padres vivían asalariados en una heredad, eran muy pobres. Los días transcurrían trabajando la tierra y con los quehaceres de la casa, yo por suerte solo ayudaba, aunque el trabajo era duro. Lo que más me reconfortaba, y aún tiene un lugar privilegiado en mis recuerdos: Era ver al abuelo sentado ante la lumbre contando historias que nos transportaban a otros mundos, a lugares desconocidos para nosotros. Esas historias me hacían sentir que podía volar, ser algo más que lo que la realidad me ofrecía, por ello me propuse firmemente que algún día aprendería a leer, y descubrir por mí mismo esos relatos que mi abuelo decía se encontraban en los libros, a los que por desgracia no podíamos acceder, en aquel tiempo y lugar. Mi empeño fue tan grande que al final pude conseguir que el amo de la heredad me dejara estudiar con su hijo y así aprendí primero a leer y luego a escribir. Por el tiempo me emborraché de lecturas una tras otra, hasta que mis manos inquietas empezaron a escribir esas historias que de mi mente deseaban salir.

 

Betty Ryan

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