En la actualidad estamos en el boom de los nutrientes milagrosos, lanzando al estrellato entre otros al magnesio, colágeno…, pero, sobre todo, la vitamina D ha alcanzado la medalla de oro en el pódium. Pero lo que tenemos que tener en cuenta, primero que nada, es que los nutrientes no son alimentos en sí, sino que forman parte de los alimentos, eso, por un lado, y por otro que la ingesta de los distintos nutrientes necesarios para nuestro organismo está en equilibrio, y si tomamos en exceso alguno de ellos puede repercutir sobre la biodisponibilidad, asimilación y funcionamiento de otro. Por ejemplo, un exceso en el consumo de magnesio puede reducir la absorción de hierro. Cuando hablo de exceso me refiero a sobrepasar las cantidades recomendadas de nutrientes para la población española, sin justificación médica.
¿Qué es la vitamina D?
La vitamina D es una vitamina liposoluble es decir que
se absorbe en lípidos(grasas) y se presenta en dos formas principalmente:
Vitamina D2(ergocalciferol) que se presenta en algunos alimentos vegetales y
suplementos, y la Vitamina D3(colecalciferol) que se sintetiza en la piel bajo
la exposición solar y también en alimentos de origen animal y algunos
suplementos.
¿Qué funciones desempeña la vitamina D en el
organismo?
Entre sus principales funciones está el contribuir en la absorción del calcio y fósforo, algo que es fundamental para mantener sanos los huesos y los dientes. Así como en la regulación del sistema inmunológico, ayudando a la prevención y defensa de infecciones, y también contribuye al funcionamiento del sistema nervioso y muscular. Estas serían las más conocidas, pero más recientemente se le atribuyen otras virtudes, aunque estás no las avalan suficientes estudios para confirmarlo, como son: Prevención de enfermedades crónicas tipo diabetes 2, ciertas enfermedades autoinmunes, algunos tipos de cánceres, trastornos del estado de ánimo como la depresión.
Esto ha hecho que, en redes, influencers y
demás iluminados recomienden tomar altas dosis de vitamina D con el fin de
estar supersaludables. Lo que no cuentan es que el consumo de vitamina D en
exceso, por encima de las recomendaciones y sin una analítica previa que
indique su deficiencia, es perjudicial. Y ¿por qué lo es?, porque en definitiva
cualquier nutriente en exceso es malo, pero en el caso de la vitamina D que es
la que nos ocupa aquí, se acumula en el tejido adiposo y en el hígado pudiendo
ser tóxica, lo que llevaría a un cuadro de hipervitaminosis D que conlleva:
hipercalcemia, es decir ,exceso de calcio en sangre y esto puede causar, náuseas,
vómitos, debilidad muscular, dolor óseo y daño renal incluyendo cálculos renales.
Estos serían los más leves, si la toxicidad es muy alta también puede causar
problemas cardiovasculares, alteraciones del sistema inmune, insuficiencia
renal, síntomas neurológicos, problemas óseos. Es decir que su exceso justo provoca
lo contrario de sus beneficios.
Por lo tanto, aunque sí que es necesario tener los
niveles de vitamina D adecuados, no hace falta tomarla en exceso y atiborrarse
a suplementos, ni hay ninguna evidencia científica plausible que así lo diga,
más que la mera especulación. Además, el tomar en exceso un nutriente impide la
buena absorción de otros necesarios y rompe su equilibrio. Así el exceso de
vitamina D interfiere con otros nutrientes como son el Magnesio, la vitamina
K2, el fósforo y el Zinc.
En definitiva, si bien es verdad que los niveles de vitamina D en sangre han bajado en la población en general, la solución no es tomar suplemento sin control. Con una alimentación saludable, rica en nutrientes y en este caso alimentos que sean una buena fuente de vitamina D como son: los pescados azules, los huevos, lácteos, champiñones, setas germen de trigo. Y por supuesto tomar el sol unos quince minutos diarios en una zona de la espalda sin protector solar, en las horas de menos intensidad solar. Vitamina D sí, en exceso no.


